Centro Histórico de Torreón

Durante una buena parte de mi infancia recorrí todo el Centro Histórico de Torreón. La plaza principal fue mi lugar de juegos, compraba comics en sus puestos de revistas, apaciguaba mi sed con agua celis y calmaba mi hambre con unas gorditas.

En lugar de un reloj había un quiosco , lo recuerdo bien porque los niños cumplíamos aquella gracia de resbalarnos en su enorme pasamanos balastado. Desde la parte superior lanzaba monitos con paracaídas que mi mamá compraba en Chácharas y juguetes, pero después hacía mis propios diseños con mis luchadores de plástico, algunos caían mejor que otros y no es por nada me quedaban muy bien.

Museo Arocena
Museo Arocena o donde están las vacas.

Luego llegó la moda de los patines y mi abuelita (q.e.p.d.) me consiguió unos patines negros con ruedas amarillas, con un infame freno frontal que no era muy práctico que digamos, después un compañero de juegos de la plaza me enseño a usarlos, con una especie de media vuelta para evitar terminar con la cara en el suelo. Las baldosas del jardín eran cacarizas , y eso provocaba una constante vibración al patinar sobre ellas. Este estilo de piso era muy popular, lo veía en otras calles del centro y supongo que todavía habrá algunas banquetas que lo usan.

Los árboles de la plaza eran grandes y daban buena sombra, se hacía un escándalo vespertino cuando las aves regresaban a dormir entre sus ramas después de trabajar (o eso pensaba yo).  Nunca entendí porque las asustaban con cohetes si al poco tiempo regresaban nuevamente.

Las personas que barrían la plaza usaban hojas de palmera que anudaban a un palo de escoba, no se si barrían bien, o si no les daban para una de a deveras, pero de dos pasadas acarreaban todo lo que encontraban a su paso.

Por la Morelos estaba el Mago de los relojes cuyo aparador me atraía enormemente, recuerdo un reloj de balines de metal que tenía un ritmo hipnótico, su mecanismo dejaba caer un balín cada minuto, al ir acumulando balines en las rampas se activaban mecanismos que dejaban caer otros en secuencia y según el número de balines en cada rampa, eran las horas y los minutos.

Antiguo Banco Comermex
Antiguo Banco Comermex (el del logo de pacman)

Eran frecuentes las visitas al matiné de los cines Princesa (ahora un estacionamiento) y al Cine Nazas, que curiosamente primero fue teatro, luego cine y actualmente otra vez teatro.

A un lado del hotel Palacio Real había un puesto de revistas, cigarros y helados. Ahí mi mamá me compraba un helado de pistache que estaba buenísimo y unas revistas de Plaza Sésamo en inglés que no se conseguían en ninguna otra parte.

La indiferencia y el abandono

Hace poco fui otra vez al Centro Histórico de Torreón y aunque había mucha gente me decepcionó un poco, las zapaterías dominan el escenario, demasiada publicidad que contamina la arquitectura de sus edificios, parecen mujeres pintarrajeadas de manera exagerada, que tuvieron mejores tiempos y ahora hacen lo posible por sobrevivir.

Hotel Galicia
Publicidad, carteles y anuncios saturan el paisaje del centro histórico de Torreón.

Por que edificio que no deja dinero enfrenta la amenaza latente de la demolición.  Mi papá nos llevaba al Restaurant Boca del Río, mismo que ya no existe, pero que recuerdo que tenía peceras en sus muros.

Otras ciudades están orgullosas de su pasado, mismo que saben capitalizar atrayendo turismo con recorridos a pie. Las autoridades deberían de voltear a ver ese capital histórico que ya tienen y no desperdiciar recursos en obras nuevas que solamente son sacadero de dinero y tiene poca utilidad.

Tengo bellos recuerdos del Centro Histórico, no se que recordarán las futuras generaciones, supongo que en su memoria solo habrá zapatos y que tardaban mucho en atenderte.

Edificio Arturo Guerra
Edificio Arturo Guerra, en este lugar había una peluquería y a la entrada su característico caramelo, creo que ya no esta.