En época de lluvias, una oración para los truenos.

nubes que traen lluvia

Cuando era niño, al iniciar cualquier periodo vacacional escolar, mi familia hacía las maletas y salíamos pitando al que considero mi pueblo natal por adopción, el bellísimo pueblo mágico de Jerez Zacatecas.

Jerez tiene un clima muy especial, no es ni demasiado caluroso, ni demasiado frío. En las casas no hay aparatos de aire acondicionado y tampoco existen las chimeneas o calentones.

Jardín principal de Jerez Zacatecas.
Jardín Rafael Páez de Jerez Zacatecas.

Las construcciones de adobe y techos altos se encargan de mantener a raya el calor y basta con abrir o cerrar las puertas para obtener una temperatura agradable en el interior de las casas.

De todas las épocas del año, mi favorita sin duda era la de lluvias. Si las precipitaciones eran de consideración se podía ver como el agua corría de banqueta a banqueta buscando su cauce natural hacía el río.

botitas de hule azules con suela amarilla
No son idénticas, pero se le parecen bastante.

Mi madre tenía unas pequeñas botitas de hule de color azul y suela amarilla con las que podía salir a jugar sin mojarme los pies. Mi diversión favorita era construir un barco de papel que navegaría entre mil obstáculos antes de hundirse.

No era el único, muchos niños salíamos a mojarnos, a chapotear entre los charcos, aunque después tuviéramos que pagar el precio de un buen baño y un cambio de ropa, pero valía la pena.

San Martín de Porres
La imagen era muy similar a esta, aunque no lo recuerdo bien. Esta el ratón, el gato, el perro, la paloma y claro, su escoba.

A veces eran tantas mis ganas de jugar en el agua que le rezaba a una pequeña imagen de San Martín de Porres que estaba en la recámara pidiéndole algo de lluvia ¡Y me lo concedía! no recuerdo que me fallara ni una sola vez.

Pero en otras, la furia de la naturaleza se desataba, los truenos sonaban tan fuerte que parecía que le habían caído al vecino. Eran frecuentes las historias de aparatos de televisión fundidos por un rayo.

En ocasiones la tormenta hacía que se fuera la luz. Entonces mi abuelita sacaba una lámpara de petróleo.

Un quinqué que tenía en el tocador de su recámara. Con calma quitaba la bombilla de vidrio, sacaba la mecha haciendo girar una rueda para luego encenderla con un cerillo. Hacía unos pequeños ajustes y volvía a colocar la pieza de cristal logrando con ello un gran brillo de la lámpara.

Si la tormenta estaba realmente fea, la cosa se ponía solemne y mi abuela junto con mi mamá rezaban una oración especial para la ocasión.

Bartolomé se levantó
cuando el primer gallo cantó
con Jesucristo encontró
¿A dónde vas Bartolomé?

Señor, contigo me iré
regrésate Bartolomé
a tu casa y tu rincón
Que Dios te dará un don

En la casa que fueras mentado
No caerá trueno ni rayo
ni morirá niño de espanto
Amén.

Y así 3 veces. Mis hermanos y yo nos quedábamos muy en paz. No es que nos asustaran los truenos, pero algunos eran tan fuertes que hacían vibrar las ventanas.

El año pasado hubo tormentas particularmente fuertes en la Comarca Lagunera. Los estruendos eran hasta perturbadores. Las autoridades les llamaron lluvias atípicas, grandes cantidades de agua en un periodo muy corto de tiempo. Las afectaciones en la ciudad fueron de consideración.

Al escuchar esos truenos tan inusuales, vinieron a mi mente un montón de recuerdos incluyendo la oración que antes mencioné.

Tengo que confesar que no me la sabía, busque en mi memoria, pero solo se alcanzaban a asomar algunos fragmentos. El otro día que estaba con mi mamá le pregunté sobre la oración y la apunté.

Se las comparto como un ejercicio para mi memoria y uno nunca sabe cuando se podrá necesitar, sobre todo ahora que las lluvias “atípicas” se están convirtiendo en “normales”.